Artículo · 31 de julio de 2026

La IA en la gestión de construcción

Dónde está aportando hoy y qué implica implementarla bien.

Juan Nicolás Saravia
Juan Nicolás SaraviaProject Administrator · Drake Construction — 9 min de lectura

El producto final de nuestro trabajo siempre es la obra. Es lo que el cliente ve, lo que se entrega y lo único que queda cuando el proyecto termina. Pero que esa obra salga bien, en el tiempo previsto y dentro del presupuesto acordado, depende en buena medida de dos bloques de trabajo que ocurren fuera de ella y que rara vez reciben la atención que merecen.

El primero es todo lo que pasa antes de que se abra el primer frente. El levantamiento de cantidades, el estimado, la definición del alcance, el cronograma inicial, la contratación de los subcontratistas. Es la etapa donde se toman las decisiones más costosas de revertir, y donde los errores no se manifiestan de inmediato. Una cantidad mal medida en el takeoff, un alcance que quedó ambiguo o una actividad mal secuenciada en el cronograma no producen ningún síntoma el primer mes. Aparecen después, cuando ya hay contratos firmados y material comprado, y para entonces corregirlos cuesta varias veces más de lo que habría costado detectarlos a tiempo.

El segundo bloque corre en paralelo a la obra: los reportes diarios, el registro fotográfico, las órdenes de cambio, la información que el cliente recibe semana a semana. Es fácil leerlo como trabajo administrativo, pero su función real es otra. Ese flujo de información es lo que te permite comparar lo que está pasando en campo con el cronograma y el presupuesto que construiste antes de empezar. Sin él, no es que no haya problemas: es que te enteras tarde de los que hay.

Vale la pena precisarlo, porque el matiz importa. Por supuesto que hay sobrecostos y retrasos que se originan en la obra misma: un hallazgo imprevisto al demoler, un subcontratista que incumple, un cambio que pide el cliente a mitad de camino. Eso es parte del oficio y siempre va a estar. Lo que determina el desenlace no es que ocurran, sino la capacidad de detectarlos temprano, dimensionarlos con datos y absorberlos ordenadamente. Y esa capacidad depende directamente de qué tan bien construidas estén esas dos capas: la de preconstrucción y la de seguimiento.

Ahí es donde la inteligencia artificial está aportando valor real hoy. No en construir, sino en sostener esa infraestructura de información sobre la que se apoya todo lo demás.

Lo que aprendimos usando plataformas comerciales

Trabajo como Project Administrator en Drake Construction, una constructora de residencial de alta gama en el sur de California, coordinando entre oficina, campo, subcontratistas y clientes.

Como casi todas las empresas del sector, operamos sobre plataformas comerciales de gestión de construcción. Son productos maduros, bien hechos, y para la mayoría de las compañías resuelven el día a día sin problema. No tengo ninguna queja al respecto, ni creo que ese sea el debate.

Lo que fuimos encontrando es otra cosa. Un software pensado para miles de empresas tiene que asumir una manera promedio de trabajar: en qué orden se aprueba una orden de cambio, cómo se estructura un estimado, qué se le muestra al cliente y cuándo. Cuando tu operación coincide con esos supuestos, la herramienta rinde muy bien. Cuando no coincide, queda una franja de procesos que la plataforma no cubre y que tampoco te deja añadir. Y casi nunca coincide del todo, porque cada empresa armó su forma de trabajar durante años y por razones válidas. No es que la plataforma sea mala: es que no está hecha a tu medida y tampoco deja que la ajustes.

Esa brecha existió siempre y siempre se resolvió igual: a mano, con trabajo repetido, con archivos por fuera del sistema. Se asumía como parte del oficio.

Lo que cambió es que hoy, con las herramientas de inteligencia artificial disponibles, una empresa pequeña puede construir sus propias soluciones para los procesos que ninguna plataforma le cubre. Eso antes exigía un equipo de desarrollo y un presupuesto que ninguna constructora de nuestro tamaño iba a destinar a software.

Nosotros tomamos ese camino y terminamos armando nuestra propia plataforma, hoy Drake Hub. No lo cuento como recomendación. Para la mayoría de las empresas no lo es, porque exige que alguien la sostenga en el tiempo. Lo cuento por lo que aprendimos haciéndolo, que me parece lo verdaderamente transferible.

Y ese aprendizaje no es técnico. Con estas herramientas se volvió muy fácil ponerse a construir, y construir por construir no sirve de nada. El punto de partida no es qué se puede hacer con la tecnología, sino qué duele: dónde se pierde información, dónde se repite el trabajo, en qué punto alguien se entera tarde de algo que ya se sabía. Cada cosa que agregamos salió de un punto de mejora que ya teníamos identificado, no de una función que se veía bien en una demostración.

Lo interesante es que, habiendo nacido de nuestros problemas particulares, terminó resolviendo cosas que son de toda la industria. Los problemas propios casi nunca son tan propios.

Cómo está respondiendo el mercado

Lo notable es que las plataformas grandes están llegando a conclusiones parecidas en este momento.

Procore

Puso a disposición general a finales de julio un conjunto de agentes que operan justo sobre esas dos capas: redacción de RFIs a partir del análisis de los planos, generación de reportes diarios desde fotos y notas de voz del residente, y revisión del cronograma en busca de secuencias incorrectas y retrasos. En agosto libera Skills, cuyo propósito declarado es que la IA incorpore los procesos y estándares particulares de cada empresa en lugar de operar con criterios genéricos. Es un reconocimiento explícito de que el ajuste, y no la funcionalidad, era el problema a resolver.

Buildertrend

Adquirió a finales de julio una compañía de inteligencia artificial. Del comunicado se desprende que lo adquirido fue sobre todo el equipo y no un producto en operación: dos perfiles con trayectoria en Amazon y Google que entran en posiciones de producto e ingeniería. Es una señal de que están construyendo la capacidad internamente, y también de que van en una etapa más temprana.

Hay un detalle de la implementación de Procore que resulta más informativo que el anuncio completo: según su propia documentación, los agentes pueden crear elementos, pero no modificarlos ni eliminarlos. Esa restricción indica con bastante claridad el nivel de autonomía que la industria considera prudente hoy.

Qué dicen los datos sobre dónde se está aplicando

Las cifras disponibles confirman de dónde proviene el valor, y son bastante consistentes entre sí. Cuando la AGC consultó a los contratistas sobre las áreas en las que están aplicando inteligencia artificial, la respuesta más frecuente no fue estimación ni diseño, sino administración y trabajo de oficina.

45%Administración y trabajo de oficina
23%Estimación
20%Diseño y preconstrucción
16%Contratación de personal
Áreas donde los contratistas aplican IA hoy · AGC

La capa que parece secundaria es la que concentra la adopción, porque es donde el retorno se materializa rápido y con bajo riesgo operativo. La programación de obra es el caso opuesto: solo el 16% de los contratistas emplea inteligencia artificial o automatización en sus cronogramas, y un 60% declara que no tiene intención de hacerlo. Es la función más presente en las demostraciones comerciales y la menos adoptada en la práctica.

Sobre el grado de avance general, el estudio de Dodge Construction Network publicado a finales del año pasado ofrece el contraste más revelador.

87%cree que la IA tendrá un impacto significativo en el sector
19%ha adaptado efectivamente sus procesos de trabajo
Dodge Construction Network

El resto no está inactivo: un 40% ya destinó presupuesto y algo más de la mitad se encuentra evaluando activamente. Pero la distancia entre reconocer el potencial y modificar la operación sigue siendo considerable.

Un último dato, de una muestra pequeña pero muy ilustrativo del punto central de este texto: apenas un 3,7% de los profesionales de gestión de proyectos utiliza las funciones de IA que trae su propia plataforma, mientras que cerca de dos tercios recurren a herramientas de propósito general por fuera del sistema. La demanda existe. Lo que se prefiere es una herramienta a la que se le pueda explicar el contexto propio, antes que una función cuyo comportamiento ya venía determinado.

Lo que he ido entendiendo

Cuando Procore anuncia que su inteligencia artificial va a incorporar los procesos y estándares de cada empresa, está diciendo exactamente lo que nosotros aprendimos por el camino largo: que la herramienta tiene que entenderte a ti. Lo que a mí me preocupa como contratista no es lo mismo que le preocupa al de al lado. Podemos usar el mismo software, tener el mismo tamaño y necesitar cosas distintas de él. Durante mucho tiempo la respuesta de la industria a eso fue pedirle a cada empresa que se adaptara al programa. Lo que está cambiando es que ahora se puede al revés.

La tecnología está al alcance de casi cualquiera; lo escaso es el criterio para dirigirla.

Por eso creo que la pregunta con la que hay que empezar no es cuál herramienta comprar, sino qué se quiere resolver. Es una pregunta incómoda, porque obliga a mirar la propia operación con honestidad y a admitir dónde se está perdiendo tiempo o información. Pero es la única que evita terminar con funciones impecables que nadie usa.

En el tiempo que llevamos aplicándolo los resultados han sido buenos, y lo que más me sorprendió no fue cuánto tiempo se ahorra, sino entender qué problema estábamos resolviendo en realidad. Casi todo lo que hemos mejorado era, en el fondo, un problema de comunicación. En eso la construcción tiene vacíos por todas partes: información que existe pero no llega, decisiones que se toman de palabra y no quedan escritas, clientes que se enteran tarde de algo que en obra se sabía hacía una semana. Cuando esa capa funciona, el subcontratista sabe cuándo entra, el cliente sabe en qué va su casa sin tener que llamar a preguntar, y nosotros detectamos un retraso cuando todavía hay margen para corregirlo.

Eso, para mí, es lo que vale de todo esto: no la tecnología en sí, sino que la información llegue a todos los que participan en un proyecto al mismo tiempo, sin que nadie tenga que perseguirla. La inteligencia artificial es hoy la forma más práctica de conseguirlo, y por eso creo que hay que entenderla bien: no como una función más del software que ya se paga, sino como la posibilidad de que las herramientas se acomoden por fin a cómo trabaja cada uno.

Nada de esto es espectacular. Que las cantidades estén bien desde el primer estimado, que un cambio quede documentado el día en que se acuerda, que el avance real pueda contrastarse con el cronograma en cualquier momento. Son cosas que no se ven en la obra terminada, pero que separan un proyecto que se entrega como se prometió de uno que no. Y hacen que el trabajo sea mejor para todos los que están dentro: para nosotros, para los subcontratistas y para el cliente.

Estamos apenas empezando, y eso me parece una buena noticia. Si están trabajando en esto dentro de su empresa, me interesa mucho conocer su experiencia.